
Deteniéndose sólo para llenar el tanque de gasolina de nuevo, cruzó la frontera de Alemania y seis millas después se detuvo en Cheb, cerca de la frontera de Checoslovaquia, donde cambió libras esterlinas por coronas checas, y siguió manejando pensando si su nerviosismo seguiría hasta después del almuerzo del día siguiente. Para entonces tendría ya las respuestas a todas las preguntas que había escrito Cara, y podría relajarse y respirar tranquila. Desafortunadamente, no todo resultó como lo había planeado. Es decir, hasta cierto punto. Llegó al hotel en Mariánské Lázne el jueves en la tarde, donde tomó un bocadillo en su habitación mientras estudiaba la lista de preguntas que le entregó su hermana y trató de memorizarlas bien antes de presentarse ante el señor Vendelin Gajdusek al día siguiente. Luego, sintiéndose tensa, salió del hotel para pasear por Hlavní Trida, la avenida principal. Pero eso no alivió su ansiedad y sintiendo que le era imposible vivir con la conciencia sucia y la culpa, regresó al hotel pensando que no le volviera a suceder tener que suplir a su hermana.
No tenía mucha hambre, pero bajó al comedor del hotel como a las ocho de la noche y fuego regresó a su habitación para pasar una noche inquieta.
Al día siguiente, se asomó a la ventana de la habitación del hotel, en el área forestal Slavkosky, hacia las colinas cubiertas de árboles que rodeaban Mariánské Lázne, y tampoco tuvo apetito. Tomó café y yogur, y después fue a la recepción a pedir informes de cómo llegar a la casa del señor Gajdusek. De allí regresó a su habitación, luego salió con bastante anticipación, dado que la casa quedaba en las afueras de Mariánské Lázne, vestida con su mejor traje sastre, en lana verde de cuello redondo y saco largo y habiendo peinado con cuidado su cabello rubio.
