
– Me llamo Fa… hmm -tosió para encubrir su primer error, ¡y todavía no había empezado!-. Me llamo Cara Kingsdale -volvió a sonreír, y como vio que no obtenía respuesta, continuó-. Vine a ver al señor Gajdusek -sin embargo, aparte de parpadear al reconocer el nombre, la mujer tampoco respondió. Fabia empezó a devanarse los sesos, pensando en como derribar la barrera del idioma. De alguna manera recordó las tarjetas de presentación que le había dado Cara y con la esperanza de que la mujer se la entregara al dueño de la casa, buscó en su bolsa y la sacó de su cartera para entregársela a la mujer.
Sintió alivio cuando, después de mirar el pedazo de papel, que de seguro no significaba nada para ella, la mujer dijo con amabilidad.
– Prosím za prominutí -y desapareció.
Fabia no entendía ni una palabra de checo; sólo había averiguado que prosím significaba "por favor", esperaba que la cordial mujer se hubiera disculpado para ir a entregarle su tarjeta a Vendelin Gajdusek.
Cuando Fabia volvió a escuchar pisadas que se acercaban adonde estaba ella, se estremeció de nervios. Pero la mujer a quien le había entregado la tarjeta apareció acompañada de otra señora, de uniforme, con un plumero en la mano y de la misma edad, a quien había distraído de sus labores de limpieza.
– Buenos días -le dijo la señora en inglés, con acento extranjero.
Con acento o no, Fabia sintió aminorar su tensión al oír a alguien hablando inglés. Pero un minuto después se sentía igual de tensa. Porque, después de volver a repetir su ritual de presentación y de señalar el motivo de su visita, se enteró, si entendió bien, que el hombre con quien tenía la cita, ¡no estaba allí!
– ¿Salió por un momento? -Fabia preguntó despacio, tratando de aclarar su situación. Luego, cuando comprendió que no le habían entendido, repitió la pregunta todavía más despacio.
