
– Es la habitación de la niña.
Cassie casi dio un brinco al oír la voz tras ella.
Se volvió. Laura LeValley estaba de pie en el umbral. Cassie no había oído sus pasos y se preguntó si la agente inmobiliaria había sospechado de ella y, deliberadamente, había subido la escalera con sigilo para atraparla robando o haciendo algo malo.
– Una niña muy guapa -comentó LeValley, sin mostrar señal alguna de sospecha-. La vi cuando me hice cargo de la venta. Creó que tiene seis o siete años.
– Cinco, casi seis.
– ¿Perdón?
Cassie señaló rápidamente la foto del escritorio.
– Supongo, si esa foto es reciente. -Se volvió y levantó una mano como para abarcar la habitación-. Tengo una sobrina de cinco años y ésta podría ser su habitación.
Ella esperó, pero LeValley no hizo más preguntas. Cassie bendijo su suerte por salir bien librada de semejante resbalón.
– Bueno -dijo LeValley-. Me gustaría que llenara la ficha para que tuviéramos su nombre y su número. ¿Alguna pregunta? Incluso tengo un formulario de ofertas por si quiere hacer una.
Sonrió al decir la última frase y Cassie le devolvió la sonrisa.
– Todavía no -dijo ella-. Pero la casa me gusta.
