
– Vale, sólo…
– Conseguiste la transferencia de Nevada, y fue porque tuviste la suerte de tener ese amigo en el concesionario. Pero eso es todo. Estás clavada aquí, niña. Durante al menos catorce meses, o puede que más si sigues por este camino.
– Vale. Sólo pensé que…
– Fin de la historia.
– Vale, se acabó.
Kibble se inclinó para anotar algo en el expediente de Cassie.
– No sé qué hacer contigo -dijo mientras escribía-. Debería ponerte un treinta cincuenta y seis, y ver si en un par de días te olvidabas de tanta tontería, pero…
– No tienes que hacerlo, Thelma. Yo…
– … están las celdas llenas.
Un 3056 era una suspensión de la condicional, una orden que ponía al sujeto bajo custodia hasta que se celebrara la vista para revocar la condicional. El agente podía retirar los cargos en el último momento y el preso quedaba en libertad. Entre tanto, la visita a los calabozos servía de advertencia. Se trataba de la amenaza más dura de que disponía Kibble y mencionarla bastó para asustar a Cassie.
– Estoy bien, Thelma, de verdad. Sólo estaba desahogándome un poco, ¿vale? Por favor, no me hagas eso. -Esperaba haber puesto un buen tono de súplica en su voz.
Kibble negó con la cabeza.
– Lo único que sé es que te tenía en la lista A, niña. Ahora, no sé. Creo que al menos voy a tener que pasar a hacerte una visita un día de éstos para ver de qué vas. Te lo advierto, Cassie Black, será mejor que tengas cuidado conmigo. No soy la Thelma gorda y vieja que en cualquier momento se va a caer de la silla. No soy alguien de quien te puedas reír, y si crees eso acabarás con estos chicos. -Pasó el extremo del bolígrafo por los bordes de los expedientes DAP que tenía a su izquierda-. Ellos te dirán que no soy alguien con quien se pueda jugar.
