
Cassie se limitó a asentir. Se fijó en la gruesa mujer durante un rato. Necesitaba distender el ambiente y que el rostro de Kibble recobrara la sonrisa, o como mínimo que desapareciera el ceño fruncido.
– Si vienes, Thelma, yo creo que te veré antes de que tú me veas.
Kibble la miró de inmediato, pero Cassie notó que su rostro se relajaba. La apuesta le salió bien, porque Kibble se tomó el comentario con buen humor, e incluso empezó a reírse entre dientes, lo cual provocó que sus anchos hombros y luego el escritorio se sacudieran.
– Bueno, ya veremos -dijo Kibble-. Te sorprenderías.
Capítulo 4
Cassie sintió que le quitaban un peso de encima al salir de las oficinas de la condicional. No sólo porque el suplicio mensual había pasado, sino también porque allí dentro había comenzado a conocer algo de sí misma. En su lucha en pos de una explicación de sus sentimientos a Kibble, había llegado a una conclusión esencial. Estaba esperando una oportunidad, y podía hacerlo a la manera de ellos o a la suya. La visita a la casa de Laurel Canyon no había sido la causa de esto, sino un simple revulsivo: gasolina para un fuego ya encendido. Había tomado una decisión clara y en esa claridad cabían sentimientos de alivio y miedo. El fuego estaba ardiendo con fuerza y en su interior empezaba a sentir que corrían hilitos de agua que se fundía del lago helado que durante mucho tiempo había sido su corazón.
