El hombre anotó el nombre en un trozo de papel y se lo tendió.

– Gracias, señor. Buenos días.

El doctor, sin embargo, le dijo que no había visto nada, ya que iba absorto en sus asuntos, por lo que no pudo serle de ninguna ayuda. Ni siquiera había visto a Miller haciendo la ronda. Lo único que hizo fue confirmar con toda exactitud la hora en que llegó y salió de la casa.

A media tarde Monk estaba de vuelta en la comisaría, donde Evan ya lo estaba esperando con la noticia de que habría sido totalmente imposible que hubiera pasado nadie por el extremo oeste de Queen Anne Street sin ser detectado por alguno de los criados que esperaban a sus amos fuera de la casa donde se celebraba la fiesta. Había un número suficiente de invitados, teniendo en cuenta los llegados a última hora y los que se habían marchado temprano, para ocupar con sus coches las cocheras instaladas en la parte trasera de la casa y llenar completamente la calle en su fachada anterior.

– ¿Cree que con tantos criados y cocheros pululando por los alrededores de la casa se habría detectado la presencia de una persona extraña? -preguntó Monk.

– Sí. -Evan no tenía ninguna duda al respecto-. Dejando aparte el hecho de que muchos de ellos se conocen, todos llevaban librea. Cualquiera que hubiera ido vestido de manera diferente habría destacado como un caballo en un campo donde sólo pastaran vacas.

Monk no pudo por menos de sonreír ante la imagen rural a la que había recurrido Evan. Era hijo de un párroco de pueblo y de cuando en cuando dejaba aflorar algún recuerdo o peculiaridad relacionado con sus orígenes. Era una de las muchas características de Evan que complacían a Monk.

– ¿No podría tratarse de uno de ellos? -preguntó Monk, dubitativo, sentándose ante su escritorio.

Evan negó con la cabeza.

– No, estaban todos de cháchara y de broma, hablaban con las camareras, trataban de ligárselas y, además, el sitio estaba profusamente iluminado con las lámparas de los coches. Como uno se hubiera desmandado y le hubiera dado por trepar por una tubería y subirse a los tejados, seguro que lo habrían visto al momento. No hubo ninguno que se desmarcara y se fuera a deambular solo por la calle, esto por descontado.



21 из 448