La voz que Kate sintió en sus oídos le hizo dar un respingo. Se volvió y se encontró mirando la cara de un joven, de unos veinticinco años, cabello negro azabache, orgullosa nariz aguileña y una hendidura en el mentón por la que moriría más de una mujer. Su ascendencia mixta estaba explícita en el marrón pálido de su piel y en las espesas cejas negras arqueadas sobre sus ojos azul bruma. Pero su mirada vagaba con nerviosidad, aún en esos primeros segundos de haber conocido a Kate, como si el hombre tuviera problemas para sostenerle la mirada.

—Me está mirando con fijeza —dijo.

Kate salió al combate.

—Bueno, pues, usted me sobresaltó. De todos modos, sé quién es. —Era Bobby Patterson, el hijo único y heredero de Hiram, notorio por su fama de depredador sexual. Kate se preguntó a cuántas mujeres que vinieron sin compañía, este hombre habría tomado como blanco esta noche.

—Y yo la conozco a usted, Ms. Manzoni… ¿O puedo llamarla Kate?

—No hay problema, a su padre lo llamo Hiram, como todo el mundo, aunque nunca fuimos presentados.

—¿Quiere conocerlo? Podría arreglarlo.

—Estoy segura de que podría.

La estudió un poco más de cerca ahora, evidentemente disfrutando del delicado duelo verbal.

—Sabe, pude haber adivinado que usted era periodista… escritora, en todo caso: el modo en que observaba a la gente reaccionar ante el virtual, en vez de observarlo al virtual en sí… Vi sus artículos sobre el Ajenjo, claro; provocó bastante oleaje.

—No tanto como el que hará el verdadero asteroide cuando caiga en el Pacífico el 27 de mayo del Año del Señor de 2534.

Bobby sonrió y los dientes fueron como hileras de perlas.

—Usted me intriga, Kate Manzoni —dijo—. En este mismo momento está ganando acceso al motor de búsqueda, ¿no? Está averiguando sobre mí.

—No. —Kate estaba molesta por la sugerencia. —Soy periodista. No necesito una muleta mnemónica.



10 из 397