
Después de eso, Hiram se había diversificado. Había desarrollado la primera pantalla flexible del mundo, un sistema plegable de imágenes que se basaba sobre píxeles poliméricos que tenían la capacidad de emitir luz multicolor. Con el suceso de la pantalla flexible, Hiram comenzó a volverse rico en serio. Pronto su sociedad por acciones, Nuestro Mundo, consiguió convertirse en una usina de tecnologías de avanzada, de radiodifusión, de noticias, de deporte y de espectáculos.
Pero Gran Bretaña estaba en decadencia. Al igual que la Europa unificada —privada de herramientas de política macroeconómica, tales como el control del cambio y de las tasas de interés y, aun así, desprotegida por la imperfectamente integrada economía en las relaciones internacionales—, el Estado británico fue incapaz de impedir un colapso económico súbito. Por fin, en 2010, la intranquilidad social y el colapso climatológico forzaron a Gran Bretaña a salir de la Unión Europea y el Reino Unido se desmembró, y Escocia siguió su destino separatista. Más allá de todos estos sucesos, Hiram procuró que su corporación no se apartara del destino que le aguardaba.
Así, en 2019, Inglaterra, junto con Gales, cedió Irlanda del Norte a Eire, envió la Familia Real a Australia —donde todavía era bienvenida— y pasó a ser el quincuagésimo segundo Estado de los Estados Unidos de Norteamérica. Inglaterra, con los beneficios de la movilidad de la mano de obra, de las transferencias financieras interregionales y de otros aspectos protectores de la verdaderamente unificada economía estadounidense, prosperó.
