
Kate no había hablado durante algunos segundos; Bobby todavía estaba aguardando que le respondiera a la invitación para cenar.
—Lo pensaré, Bobby.
Bobby pareció quedar perplejo, como si nunca antes hubiese recibido una respuesta vacilante.
—¿Existe algún inconveniente? Si quieres, puedo…
—Señoras y señores.
Todas las cabezas giraron. Kate se sintió aliviada.
Hiram había montado un escenario en uno de los extremos del salón. A sus espaldas, una gigantesca pantalla flexible mostraba una imagen aumentada de su cabeza y sus hombros. Estaba sonriendo por encima de todos los presentes, al igual que algún dios benéfico, mientras robots flotantes se desplazaban alrededor de sus cabezas, portando imágenes cual joyas, de los muchos canales de la corporación Nuestro Mundo.
—Permítanme decir, en primer lugar, que les agradezco a todos por haber venido para ser testigos de este momento de la historia; y por su paciencia. Ahora, el espectáculo está por comenzar.
El dandy virtual, vestido con el traje de soldado color verde lima, se materializó en el escenario al lado de Hiram, que lo miraba a través de sus lentes redondos centelleando bajo las luces. Se le unieron otros tres virtuales, vestidos de rosado, azul y escarlata, cada uno de los cuales llevaba un instrumento musical: un oboe, una trompeta, un flautín. Luego de los dispersos aplausos de los concurrentes, los cuatro intérpretes hicieron una grácil reverencia y caminaron con agilidad hacia un sector de la parte posterior del escenario, donde los aguardaba un conjunto de tambores y tres guitarras eléctricas.
Hiram dijo con tranquilidad:
—A estas imágenes las están transmitiendo para nosotros aquí, en Seattle, desde una estación que está cerca de Brisbane, Australia, después de rebotar en diversos satélites de comunicaciones, con un retardo de tiempo de unos pocos segundos. No es necesario decirles que estos muchachos han hecho una montaña de dinero en estos últimos años, sólo su nueva canción Déjame Amarte fue número uno en todo el mundo durante cuatro semanas durante Navidad, y todas las ganancias que generó fueron destinadas para obras de caridad.
