—Sí, agujeros de gusano —dijo Hiram—. Lo que estamos viendo aquí es la boca de agujeros de gusano que se están formando espontáneamente, entretejidos con campos eléctricos. El espacio es lo que evita que todo esté en el mismo lugar, ¿de acuerdo? Pero en este nivel el espacio es granoso y ya no podemos confiar en que haga su trabajo. Y así, la boca de un agujero de gusano puede conectar cualquier punto de esta región pequeña del espacio-tiempo con cualquier otro punto… en cualquier parte: el centro de la ciudad de Seattle, o Brisbane, Australia, o un planeta de Alfa del Centauro. Es como si puentes espaciotemporales estuviesen cobrando y perdiendo existencia de manera súbita. La enorme cara sonrió a los presentes desde lo alto, brindando confianza. No entiendo todo esto más que ustedes, decía la imagen. Confíen en mí. Mi personal técnico estará a su disposición para brindarles información básica explicada con tanta profundidad como les pudiera ser cómodo entender.

“Lo que es más importante es lo que pretendemos hacer con todo esto. Dicho con sencillez, vamos a llegar adentro de esta espuma cuántica y arrancar el agujero de gusano que queramos: un agujero de gusano que conecte nuestro laboratorio aquí, en Seattle, con una instalación idéntica en Brisbane, Australia, y cuando lo tengamos estabilizado, ese agujero de gusano formará un enlace a través del cual podremos enviar señales… a una velocidad mayor que la velocidad de la luz misma.

“Y esto, señoras y señores, es la base de una revolución en las comunicaciones. No más costosos satélites acribillados por micro-meteoritos y que se caen del cielo cuando su órbita entra en pérdida; no más el frustrante retardo de tiempo; no más tarifas espantosas. El mundo, nuestro mundo, por fin estará verdaderamente enlazado.



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