La música de los virtuales estaba cobrando intensidad, encaminada hacia el coro final. Kate se quedó mirando con fijeza cómo la máquina frankesteiniana que estaba debajo de sus pies giraba locamente sobre sí misma, refulgiendo palpablemente con energía.

Y los relojes terminaron su cuenta.

Se produjo un destello cegador. Algunos de los presentes lanzaron una exclamación.

Cuando Kate pudo ver otra vez, la máquina atómica, todavía rotando sobre sí misma, ya no estaba sola: una bolilla plateada, perfectamente esférica, flotaba a su lado. ¿Una boca de agujero de gusano?

Y la música tuvo un cambio. Los V-Fabs habían llegado al coro de su canción, que se escuchaba como un salmo. Pero la música estaba distorsionada por una cadencia mucho más tosca, que precedía en unos segundos al sonido de alta calidad.

Fuera de la música, el salón estaba en completo silencio.

Hiram jadeó, como si hubiera estado conteniendo el aliento.

—Eso es —dijo—: la nueva señal que oyen proviene del funcionamiento mismo, pero ahora transmitida hacia aquí a través del agujero de gusano… sin que se produzca un retardo importante del tiempo. Lo logramos. Esta noche, por primera vez en la historia, la humanidad está enviando una señal a través de un agujero estable de gusano…

Bobby se inclinó hacia Kate y dijo con ironía:

—La primera vez… sin contar todos los ciclos de prueba de funcionamiento continuo.

—¿De veras?

—Claro que sí. No pensará que iba a dejar todo esto librado al azar, ¿no? Mi padre es un consumado actor. Pero no hay que sentirse mal porque tenga su momento de gloria.

La gigantesca pantalla mostró a Hiram sonriendo ampliamente.

—Señoras y señores, no olviden jamás lo que vieron esta noche. Éste es el comienzo de la verdadera revolución en las comunicaciones.



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