Supimos de inmediato que estábamos tratando con una mujer joven, responsable y segura de sí misma, una mujer que se preocupaba tanto por su salud como por su carrera. Esta información eliminaba diversos estilos de vida que podríamos haber investigado erróneamente. El aspecto negativo era que, por primera vez, Rider se encontraba con una persona a la que conocía como la víctima de un homicidio cuya investigación le habían asignado. Desde el primer momento me di cuenta de que eso frenó su paso. Normalmente ella era muy expresiva para analizar la escena de un crimen y desarrollar una teoría de investigación. En aquella ocasión se quedó en silencio hasta que le pregunté.

No había testigos del asesinato. El vestíbulo no se veía desde la calle y ofrecía un escudo perfecto al asesino. Este habría podido entrar en el reducido espacio y atacar sin miedo a ser visto desde el exterior. Aun así, el crimen implicaba cierto riesgo. En cualquier momento un residente podía haber entrado o salido del edificio y encontrado a Benton y su asesino. Si el vecino que sacó a pasear a su perro lo hubiera hecho una hora antes probablemente se habría topado con el asalto. Podría haberla salvado o, posiblemente, se habría convertido a su vez en una víctima.

Anomalías. Gran parte del trabajo se basaba en el estudio de las anomalías. El crimen tenía la apariencia de una agresión oportunista. El asesino había seguido a Benton y aguardado el momento en que nadie los viera. Aun así había aspectos de la escena -su intimidad, por ejemplo- que sugerían que el asesino ya conocía el vestíbulo y podía haber estado esperándola, como un cazador que observa la trampa que ha tendido.

Anomalías. Angella Benton no medía más de metro sesenta y cinco, pero era una mujer fuerte. Rider había sido testigo de sus rutinas en el gimnasio y conocía su fuerza y vitalidad. Sin embargo, no había signos de lucha. No se halló piel ni sangre perteneciente a otra persona en el examen de las uñas de la víctima. ¿Conocía a su asesino? ¿Por qué no había peleado? La masturbación y el hecho de que le rasgaran la blusa apuntaban a un móvil psicosexual, a un crimen perpetrado en solitario. No obstante, la ausencia de todo signo de lucha indicaba que Benton había sido dominada rápidamente y de manera total. ¿Había más de un asesino?



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