
Cambiamos el foco de la investigación. Nos olvidamos de examinar a la víctima como alguien que vagaba por el área de acción del depredador. El área de acción era Angella Benton. Había algo en su vida o en sus circunstancias que habían atraído al asesino.
Nos concentramos en su vida y su trabajo, buscando algo oculto que hubiera puesto en marcha un plan para asesinarla. Alguien había deseado su muerte y pensado que era lo bastante listo para camuflar el asesinato como la obra de un psicópata. Mientras que públicamente desarrollamos la hipótesis del asesino violador ante los medios, de puertas adentro empezamos a mirar en otras direcciones.
Al tercer día de la investigación, Edgar se ocupó de la autopsia y del papeleo cada vez mayor, mientras que Rider y yo asumimos el trabajo de campo. Pasamos doce horas en las instalaciones que Eidolon Productions tenía en Archway Pictures, en Melrose. La máquina de producción de películas de Alexander Taylor ocupaba casi un tercio del local de Archway. Había allí más de cincuenta empleados. En virtud de su oficio como ayudante de producción, Angella Benton se relacionaba con todos ellos. Un ayudante de producción se sitúa en la base del tótem de Hollywood. Benton había sido una recadera y carecía de despacho: sólo disponía de un escritorio en una sala dedicada al correo y que carecía de ventanas. Claro que eso no importaba, porque siempre estaba fuera, corriendo por los despachos de Archway y de un set de filmación a otro. En ese momento Eidolon estaba rodando dos películas y una serie de televisión en distintos lugares de Los Ángeles y sus alrededores. Cada uno de. esos equipos de producción constituía una pequeña ciudad, un campamento itinerante que se desplazaba casi cada noche. Había al menos otro centenar de personas que podrían haberse relacionado con Angella Benton, personas a las que era preciso entrevistar.
