Recogí la libreta y el boli del banco, y me levanté. La entrevista no iba a ninguna parte, o al menos no iba en la dirección que yo deseaba.

– Gracias por su tiempo, señor Taylor. Si no encuentro la salida dispararé una bengala.

Al dar mi segundo paso hacia la puerta sonó el tercer pitido en la bicicleta estática. Taylor habló a mi espalda.

– Usted gana, Bosch. Vuelva y haga las preguntas. Y me quedaré los cincuenta mil si no los quiere.

Me volví hacia él, pero no me senté. Abrí de nuevo la libreta.

– Empecemos con el atraco -dije-. ¿Quién tenía conocimiento de los dos millones de dólares en su compañía? Me refiero a quién estaba al tanto de los datos específicos, de cuándo iba a llegar para el rodaje y cómo se iba a entregar. Cualquier cosa y a cualquier persona que pueda recordar. Estoy empezando de cero.

2

Angella Benton murió el día de su vigésimo cuarto cumpleaños. Su cuerpo sin vida se encontró sobre el suelo de baldosas del vestíbulo del edificio de apartamentos en el que residía, en Fountain, cerca de La Brea. Su llave estaba en el buzón. En éste se hallaron dos tarjetas de felicitación enviadas por separado desde Columbus por su madre y su padre. Resultó que no estaban divorciados, simplemente cada uno de ellos quería escribir por sí mismo sus mejores deseos de felicidad a su única hija.

Benton había sido estrangulada. Antes o después de su muerte, probablemente después, le habían rasgado la blusa y el sujetador para dejar sus pechos al descubierto. Su asesino aparentemente se había masturbado sobre el cadáver, eyaculando una pequeña cantidad de esperma que había sido recogida por los técnicos forenses para realizar comparaciones de ADN. Se habían llevado el bolso de la víctima y éste jamás se recuperó.



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