De este modo, cada vez que un nuevo inquilino ocupaba el ático en cuestión la portera pronunciaba un pequeño discurso destinado a hacer entender al nuevo inquilino que era en virtud de la peculiarísima bondad de corazón de la portera (que siempre había sido de derechas, como podía comprobar el inquilino con sólo ver el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús encima de la cabecera de la cama con la palma del Domingo de Ramos adornándolo y las fotos de José Antonio y el Caudillo, combinadas, y ligeramente torcidas, encima mismo de la radio) que el derecho en cuestión permanecía en vigencia. Habían pasado años desde que Luzmila disfrutó de ese favor por última vez. Y este hecho, además de lo demás, desconectó lo poco de Luzmila que aún quedaba conectado con el mundo exterior. Después de eso ya sólo hubo para Luzmila la identidad profesional, el tratar de hacerse a ser lo más exactamente posible una asistenta por horas y llevar consigo el parecido tan lejos y tan hondo como fuera necesario. A partir de aquí es cuando Luzmila empieza a pasar tan desapercibida por el mundo que lo visible y lo invisible coincidían en ella sin asombro.

Un año antes de la desaparición de Luzmila vino a vivir con la portera una sobrinilla del pueblo, hija de una hermana menor, llamada Rosa, que había fallecido de un tantarantán que le dio un mulo (o el marido, la cosa nunca estuvo clara). La sobrina acababa de cumplir veinte años, aunque representaba dieciséis. Se llamaba Dorita, como la portera, y parecía un chico listo. Precisamente por ser lista y parecer un chico listo consiguió en el pueblo el empleo de las incubadoras. La mujer del encargado nunca hubiera dejado que una hembra de más porte se acercara al marido, pero Dorita era tan poquita cosa que se coló a la primera. Colarse en los sitios empezó ese día a ser parte de la figura de Dorita. Lo de las incubadoras era un trabajo fácil (aunque de poco dormir), y entre Dorita (que tenia algo de larva en la figura) y las vicisitudes higrométricas de los huevos alineados por millares en bandejas, se estableció inmediatamente una como afinidad natural.



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