
– Oye, Parker -soltó uno de ellos cuando había pasado-. Podrías ir donde la viuda de Dinsmore. Está tan apurada que puede que hasta se contente con un delincuente como tú, ¿verdad, muchachos?
Los hombres soltaron carcajadas burlonas y, entonces, se oyó una segunda voz:
– Seguro que una mujer como ésa, que cuelga un anuncio así en un aserradero, se queda con lo primero que se le presente.
Y, después, una tercera voz:
– Deberías haberle pisado un poco más fuerte las pelotas para que las mujeres de por aquí pudieran dormir mejor por la noche, Harley.
Will se marchó entre los pinos. Pero cuando vio los restos del emparedado entre las agujas, allí tirados para que se los comieran los pájaros, el hambre pudo más que el orgullo. Lo recogió con dos dedos como si fuera un cigarrillo y se dio la vuelta con una relajación forzada.
– ¿Le importa a alguien que me lo coma?
– Qué va -respondió Overmire-. Invito yo.
Resonaron más carcajadas.
– Oye, Parker -se oyó entonces-, yo en tu lugar probaría con esa chiflada de Elly Dinsmore. Nunca se sabe, pero puede que a los dos os vaya bien estar juntos. Ella, con su anuncio para encontrar un hombre, y tú, recién salido de la trena. ¡Puede que saques algo más que un pedazo de pan!
Will se volvió y empezó a andar. Pero hizo una bola con el pan y lo lanzó de nuevo sobre las agujas de pino que cubrían el suelo. Mientras se alejaba, se olvidó del dolor e imaginó que estaba en un lugar que no había visto jamás, donde abundaban las sonrisas, los platos estaban llenos y la gente era buena con los demás. Ya no creía que ese lugar existiera, pero se refugiaba en él cada vez más a menudo. Una vez el sueño hubo cumplido su finalidad, volvió a la realidad: una carretera desconocida en medio de un pinar del noroeste de Georgia.
«¿Y ahora qué?», pensó. Dondequiera que iba se repetía la misma historia. Una condena no se cumplía nunca por completo; no se acababa nunca. ¿Pero a él qué más le daba? No había nada que lo atara a esa mierda de pueblo. ¿Quién había oído hablar de Whitney? No era nada más que un puntito en el mapa, y a él tanto le daba quedarse como irse.
