– ¿Ha perdido algo aquí? -su tono era amable, pero sus ojos castaños mostraban recelo.

– Sólo el sueño. Una conocida mía vivía aquí hasta anoche, y apareció por mi casa esta madrugada.

Frunció los labios, sopesando mi historia.

– Entonces, ¿qué está haciendo aquí ahora?

Encogí un hombro.

– Supongo que quería verlo con mis propios ojos. Ver si el lugar estaba realmente destruido antes de invertir mi energía en encontrarle un nuevo hogar. Por cierto, y usted, ¿qué hace aquí? Alguien suspicaz podría pensar que está llevándose los objetos de valor.

Se echó a reír y parte de la desconfianza desapareció de su cara.

– Tendrían razón. En cierto modo, eso es lo que estoy haciendo.

– ¿Pertenece al cuerpo de bomberos?

Sacudió la cabeza.

– Compañía de seguros.

– ¿Ha sido intencionado? -había estado tan sumergida en las aguas pantanosas de las relaciones familiares, que ni siquiera me había preguntado cómo se inició el incendio.

Reapareció su recelo.

– Sólo estoy recogiendo cosas. El laboratorio me dará un diagnóstico.

Sonreí.

– Tiene razón en ser cauteloso, nunca se sabe quién puede venir a fisgonear después de un incendio como éste. Me llamo V. I. Warshawsky. Soy detective privada, cuando no me dedico a buscar alojamiento urgente. Y hago proyectos para Seguros Ajax de vez en cuando -saqué una tarjeta de mi bolso y se la tendí. Se limpió la mano llena de hollín en un kleenex y estrechó la mía.

– Robin Bessinger. Estoy en la sección de incendios provocados y fraudes de Ajax. Me sorprende no haber oído su nombre.

A mí no me sorprendía. Ajax tenía sesenta mil empleados en el mundo entero, no era posible que alguien los conociera a todos. Le expliqué que mi trabajo con ellos había consistido en reclamaciones o renovación de pólizas y le di unos cuantos nombres que podía conocer. Se ablandó un poco más y me confió que las señales de un siniestro provocado eran bastante evidentes.



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