Mis muebles son una recuperación espartana de subastas de la policía y tiendas de segunda mano. Tenía colgado un grabado de los Uffizi encima del archivador, pero el año pasado decidí que sus intrincados detalles en negro resultaban demasiado lúgubres junto a los muebles color oliva. En su lugar puse algunas llamativas reproducciones de Nell Blaine y Georgia O'Keeffe. Dan un poco de color a la habitación, pero nadie la confundiría con la sede de una empresa internacional.

Peter había estado aquí una vez, cuando trajo a sus tres hijos a Chicago de visita, varios años atrás. Lo observé crecerse visiblemente mientras calculaba el abismo entre nuestras ganancias netas actuales.

Comunicarme con él esa tarde necesitó todo mi poder de persuasión, y algunas pequeñas amenazas. Mi mayor preocupación, que pudiera estar fuera del país, o igualmente inaccesible en algún campo de golf, resultó ser infundada. Pero tenía un ejército de asistentes convencidos de que era preferible que atendieran ellos mi asunto a molestar al gran hombre. La escaramuza más difícil se presentó cuando finalmente pude hablar con su secretaria particular.

– Lo siento, señorita Warshawski, pero el señor Warshawski me ha dado una lista de los miembros de su familia que le pueden interrumpir y su nombre no figura en ella -el gangueo nasal de Kansas era educado pero inflexible.

Observé a las palomas buscándose los piojos.

– ¿Podría transmitirle un mensaje mientras yo espero al teléfono? Que su hermana Elena llegará a Kansas City en el vuelo de las seis y que cogerá un taxi hasta su casa.

– ¿Sabe él que va a venir?

– Nooo. Por eso estoy intentando comunicarme. Para decírselo.

Cinco minutos más tarde -mientras pasaban aceleradamente los pasos del teléfono, con tarifa de primera hora del día-, la profunda voz de Peter resonaba en mi oído. Qué diablos significaba eso, qué era eso de mandarle a Elena así, sin avisarle. No estaba dispuesto a que sus hijos se vieran expuestos a una borracha como ésa, no tenían espacio para invitados, creía haberlo dejado muy claro cuatro años antes, que nunca más…



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