– Así que por supuesto le echaron un vistazo al programa. Y Ernie sabe que tú y yo somos… bueno, amigos. Así que lo mencionó. No es nada por lo que te tengas que calentar los cascos.

– No -reconocí mansamente-. Sólo que me coge por sorpresa que dos partes separadas de mi vida de repente se conecten.

– Conozco esa sensación -asintió-. Simplemente me estaba preguntando si podría ir contigo. Puede que vaya de todas formas, ya que los chicos están emboletando a tantas víctimas como pueden. Si vas a estar allí…

– Déjame pensarlo -dije tras una pausa demasiado larga para ser de buena educación-. Aunque, mira, me pregunto si podrías hacer algo por mí -le conté lo de Elena-. No sé mucho de ella, no sé por qué sitios puede rondar. Y aunque no quiero que viva conmigo, estoy un poco preocupada. Como que me gustaría saber que está bien, dondequiera que esté.

– Joder, Vic, ¡no pides nada, que digamos! Sabes perfectamente bien que no puedo entrar en la Dirección de Tráfico sin una buena razón. Si empiezo a comprobar recorridos y a hablar con los conductores, los de su sindicato estarán a la puerta del tío Bobby antes de una hora pidiendo a gritos mi cabeza.

– Tal vez debería llamar a Bobby por la mañana, y hablar de todo esto con él -además de ser el padrino de Michael, Bobby Mallory había sido el protegido de mi propio padre y su mejor amigo en el cuerpo. Podría buscar a Elena en consideración a Tony, no esperaba que lo hiciese en consideración a mí.

– No, no hagas eso -se apresuró a decir Michael-. Sabes qué, les pasaré el caso a los monos de Madison y de la zona sur, les diré que estén alertas a su descripción y que me llamen si la ven.

– No quiero que le echéis ningún puro -le advertí.

– No te sulfures, Vic. Discreción es mi segundo apellido.

– Sí, vale, y yo soy la reina de Saba.

Se rió.

– Así que, si me encargo de esto, ¿vendrás conmigo el domingo a lo de Boots?



32 из 373