
Cartwright y Wheeler, agentes de seguros, escucharon atentamente mi disertación sobre los peligros y posibilidades de presentar falsas reclamaciones. Hicieron un montón de preguntas, pero las nueve personas que estaban en la habitación no se sintieron capaces de tomar la decisión de contratarme sin consultar a sus superiores. Yo rezumaba entusiasmo, profesionalismo y una actitud mental positiva, tratando de forzar un compromiso, pero lo más que pude conseguir fue la promesa de que lo discutirían en la junta directiva del lunes.
Volví a mi oficina para guardar mis quinientos dólares de diapositivas en los archivos. No suelo irritarme demasiado por una respuesta tibia, pero estaba tan nerviosa respecto a Elena que me puse a golpear cajones y a romper cartas para desahogar mi mal humor. A Larry Bowa le gustaba destrozar los lavabos cuando había jugado mal. Todos tenemos nuestros arrebatos inmaduros.
Cuando me hube calmado un poco, comprobé mi servicio de llamadas. Marissa Duncan me había dejado un mensaje. La llamé y hablé con su secretaria. Marissa había encontrado un cuarto para Elena en un hotel residencia en Ken-more, entre Wilson y Lawrence. Pedían por él noventa al mes. Vacilé un instante. Me fastidiaba rechazarlo, Marissa se sentiría ofendida, y estaba tan bien relacionada que me convenía más que estuviese a bien conmigo. O peor aún, ¿y si Elena volvía a aparecer a las tres de la mañana?
– No puede mudarse inmediatamente -dije finalmente-, pero yo me pasaré por allí de paso hacia mi casa y pagaré la habitación.
– En efectivo -dijo brevemente la secretaria-, y nada de animales ni niños.
– Estupendo -comprobé dos veces la dirección y colgué. Por primera vez en mi vida se me ocurrió preguntarme qué anticonceptivo habría usado Elena durante todos esos años. Y de repente caí en la cuenta de por qué Gabriella había estado tan acogedora aquella vez que apareció por casa, treinta años atrás. No recordaba punto por punto lo que habían dicho, pero Elena estaba embarazada. Gabriella le ayudó a conseguir algún tipo de aborto clandestino, y después Elena se emborrachó.
