Elena aún no había aparecido de forma dramática. Finalmente llegué a la conclusión de que estaba vagando por algún sitio con Ana de las Tejas Verdes y me fui a la cama, dividida entre mi disgusto con ella y mi irritación conmigo misma.

Había abrigado esperanzas de que los dioses echaran a perder la fiesta de Boots con violentas tormentas, pero el domingo amaneció otra vez con el deslumbrante e inclemente sol que habíamos soportado durante todo el verano. Con septiembre tocando a su fin, los días eran ya sólo cálidos en lugar de sofocantes, pero el medio oeste seguía padeciendo la peor sequía de sus últimos cincuenta años.

Por toda la ciudad las aceras y el firme se habían alabeado y hundido. Al arreciar la ola de calor, las chispas que desprendían los trenes habían incendiado las vigas que sostenían los pasos elevados, de tal forma que algunas de las estaciones estaban ahora cerradas más o menos permanentemente. Habida cuenta de la perpetua falta de fondos de Chicago, no tenía esperanzas de que esos apeaderos se volviesen a abrir en lo que me quedaba de vida.

Llevé a correr a Peppy hasta el puerto de Belmont y a la vuelta me puse a hojear los periódicos del domingo. El Sun Times era el más difícil, nunca he podido hacerme una idea de su esquema de composición, y tuve que leer mucho más de lo que me apetecía sobre decoración del hogar y festivales de otoño en Wisconsin antes de dar con las noticias metropolitanas.

Cuando terminé de recorrer el Herald-Star sin encontrar ni una palabra sobre Elena, era hora de ducharme y vestirme para mi barbacoa de doscientos cincuenta dólares. Sabía que Marissa aparecería seguramente con un elegante pijama de seda o algo igualmente exótico, pero a no ser que Rosalyn Fuentes hubiese cambiado drásticamente, probablemente iría en vaqueros. Me pareció que la etiqueta de las colectas de fondos dictaba no ir más llamativa que la invitada de honor. Además, no quería estar pendiente de mi ropa de lavar en seco si me la ponía para una barbacoa gigante. Me puse unos pantalones caqui y una camisa amplia color oliva. Perfecto: camuflaría los derramamientos de comida y sobre todo sería confortable para pasar la tarde al sol.



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