
– Llegó el momento de volverme una persona responsable.
Phil no. Un sexagenario no podía parecerse más a Peter Pan que él.
– ¿Qué temes?
– No temo nada. Simplemente quería ocuparme de ti. Sé que hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero siempre has estado a mi lado cuando te he necesitado. Me has sacado de varios líos y has mantenido apartados a esos chupasangres…
– También te sacaré de este lío si me dices lo que pasa.
– No pasa nada. El océano no perdona. Nunca puedo saber cuándo he cometido un error y nunca…
– Phil.
– Lo he escrito todo. Está en el Ultimo hogar.
– Bien, entonces me lo podrás leer cuando estemos de camino a nuestra isla.
– Eso no va a ser posible. -Hizo una pausa -. He estado tratando de ponerme en contacto con Jed Kelby. Pero no ha respondido a mis llamadas.
– Hijo de puta.
– Quizá, pero un hijo de puta brillante. He oído decir que es un genio.
– ¿Y quién te lo ha dicho, su agente publicitario?
– No seas sarcástica. Hasta el diablo tiene sus méritos.
– No lo estoy siendo. No me gustan los ricos que se creen que pueden convertir todo lo que existe en el mundo en su juguete.
– No te gustan los ricos. Punto. Pero necesito que te pongas en contacto con él. No sé si seré capaz de hacerlo personalmente.
– Claro que lo harás. Aunque no sé por qué consideras que tienes que hacerlo. Nunca antes has llamado a nadie para que te ayude.
– Lo necesito. Comparte conmigo la misma pasión y tiene el empuje para conseguir que las cosas pasen. -Hizo una pausa-. Prométeme que me lo conseguirás, Melis. Es lo más importante que te he pedido nunca.
– No tienes que… -Pero Phil no iba a rendirse. -Te lo prometo. ¿Satisfecho?
– No, me odio por pedírtelo. Y odio estar en este sitio. Si no hubiera sido tan soberbio, no hubiera tenido que… -Suspiró profundamente-. Pero eso es agua pasada, ahora no puedo mirar atrás. Hay demasiadas cosas en el futuro.
