
Se aclaró la garganta.
– Señorita Lyndon…
– No me diga que ha dejado el coche en otro sitio. -Señorita Lyndon, tengo que decirle una cosa muy importante.
– ¿Tiene peor el tobillo? Sabía que apoyar peso sobre él era una mala idea, pero no sabía de qué otra forma traerlo al pueblo. Un poco de hielo habría…
– ¡Señorita Lyndon! -exclamó Charles.
Consiguió que cerrara la boca.
– ¿Cree que podría aceptar…? -tosió y, de repente, deseó estar más sobrio porque tenía la sensación de que, cuando no estaba borracho, tenía un vocabulario más amplio.
– ¿Lord Billington? -preguntó ella con preocupación.
Al final, Charles acabó soltándolo de golpe.
– ¿Cree que podría aceptar casarse conmigo?
CAPITULO 02
Ellie lo soltó.
Él se cayó al suelo y gritó cuando el tobillo herido se dobló.
– ¡Eso es horrible! -gritó ella.
Charles se rascó la cabeza.
– Me parece que acabo de pedirle que se case conmigo. Ellie contuvo una traidora lágrima que estaba a punto de resbalarle por la mejilla.
– Es muy cruel bromear con algo así.
– No bromeaba.
– Por supuesto que bromeaba -respondió ella intentando reprimir las ganas de darle una patada en la cadera-. He sido muy amable con usted esta tarde.
– Muy amable -repitió él.
– No tenía por qué pararme y ayudarle.
– No -murmuró él-. No tenía que hacerlo.
– Y quiero que sepa que, si quisiera, ya estaría casada. Estoy soltera porque quiero.
– No se me habría ocurrido imaginar lo contrario.
A Ellie le pareció oír una nota de mofa en su voz, y esta vez sí que le dio una patada.
– ¡Maldita sea, mujer! -exclamó Charles-. ¿A qué diablos ha venido eso? Lo digo muy en serio.
– Está ebrio -lo acusó ella.
– Sí-admitió él-, pero nunca le había pedido a ninguna mujer que se casara conmigo.
