
El ángulo de visión se amplió cuando Jaye Winston entró en el encuadre. McCaleb vio una parte más grande de la habitación y observó que se trataba de una casa o apartamento pequeño y escasamente amueblado.
Por pura coincidencia, Winston iba vestida con el mismo conjunto que en su visita de esa mañana. Llevaba puestos guantes de látex que se había subido por encima de los puños del blazer. La placa de detective colgaba de un cordón atado alrededor del cuello. Winston se situó a la izquierda del cadáver mientras su compañero, un detective que McCaleb no reconoció, se movía hacia la derecha. Por primera vez se escuchó una conversación.
– La víctima ya ha sido examinada por un ayudante del forense y cedida para la investigación de la escena del crimen -dijo Winston-. La víctima ha sido fotografiada in situ. Ahora vamos a proceder a quitar el cubo para continuar con el examen.
McCaleb sabía que Winston estaba eligiendo cuidadosamente sus palabras y actitud con el futuro en mente, un futuro que podría incluir un proceso por asesinato en el que un jurado vería la cinta de la escena del crimen. Tenía que mostrarse profesional y objetiva, completamente desapegada emocionalmente de lo que estaba descubriendo. Cualquier desviación de esta postura podía ser aprovechada por un abogado defensor para pedir la retirada del vídeo del catálogo de pruebas.
Winston se recogió el cabello detrás de las orejas y luego colocó ambas manos en los hombros de la víctima. Giró el cadáver con la ayuda de su compañero, de manera que el cuerpo quedó de espaldas a la cámara.
