Lo recordó de inmediato, porque lo había solucionado con una sola llamada telefónica. La solicitud había llegado de un detective de la pequeña localidad de White Elk, Minnesota, hacía casi diez años, cuando McCaleb todavía trabajaba en Quantico. El informe del detective decía que dos hombres se habían enzarzado en una pelea de borrachos en la casa que compartían, se habían desafiado a un duelo y ambos habían resultado muertos al abrir fuego al mismo tiempo desde una distancia de diez metros. El detective no necesitaba ninguna ayuda con el doble homicidio, porque era evidente, pero había algo que lo desconcertaba. En el curso del registro del domicilio de las víctimas, los investigadores se habían encontrado con algo extraño en el congelador del sótano. En un esquina del congelador había bolsas de plástico que contenían varias decenas de tampones usados. Los había de distintas marcas y los estudios preliminares de una muestra de los tampones reveló que la sangre menstrual correspondía a mujeres distintas.

El detective del caso no sabía qué tenía entre manos, pero se temía lo peor. Lo que solicitaba a la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI era una idea acerca del posible significado de los tampones y de cómo proceder. Más concretamente, quería saber si los tampones podían ser recuerdos de las víctimas de uno o varios asesinos en serie que habían pasado desapercibidos hasta que se habían matado el uno al otro.

McCaleb sonrió al recordar el caso. Ya se había encontrado antes con tampones en un congelador. Llamó al detective y le formuló tres preguntas. ¿A qué se dedicaban los dos hombres? ¿Además de las armas de fuego había armas largas o alguna licencia de caza en el apartamento? Y, por último, cuándo empezaba la temporada de la caza del oso en Minnesota.

Las respuestas del detective resolvieron rápidamente el misterio. Ambos hombres trabajaban en el aeropuerto de Minneapolis para una empresa subcontratada encargada de suministrar personal de limpieza para los aviones comerciales. Se encontraron varios rifles en la casa, pero ninguna licencia. Y, por último, faltaban tres semanas para que se abriera la temporada de caza del oso.



23 из 346