
– Mira, Buddy, ya te he dicho que esto es confidencial y no puedo…
– Vale, vale, ya lo sé. Sólo estaba asegurándome de que no te hubieras desmayado o algo así.
– Muy bien, gracias. Estoy bien.
– Me quedaré un rato más arriba, por si necesitas algo.
– No necesitaré nada, pero gracias.
– ¿Sabes?, estás consumiendo un montón de energía. Mañana tendrás que poner el generador.
– No hay problema. Lo haré. Te veo más tarde, Buddy.
Buddy señaló la pantalla azul del televisor.
– Éste es de los raros.
– Adiós, Buddy -dijo McCaleb, impaciente.
Se levantó y cerró la puerta, aunque Buddy seguía en el umbral. Esta vez pasó la llave. Volvió a su asiento y empezó a escribir una lista en la libreta.
ESCENA DEL CRIMEN
1. Ligadura
2. Desnudo
3. Herida en la cabeza
4. Cinta/mordaza – ¿Cavé?
5. ¿Cubo?
Examinó la lista durante unos momentos, esperando que se le ocurriera una idea, pero no surgió nada. Era demasiado pronto. Instintivamente, sabía que las palabras de la mordaza constituían una pista que no iba a poder descifrar hasta que contara con el mensaje completo. Sintió la urgencia de abrir el expediente y buscarlo, pero en lugar de hacerlo, volvió a encender la tele y continuó reproduciendo la cinta desde el punto donde la había detenido. La cámara enfocaba de cerca la boca del cadáver y la cinta que la mantenía cerrada con fuerza.
– Dejaremos esto para el forense -dijo Winston-. ¿Has grabado todo lo posible, Barn?
– Sí-contestó el invisible cámara.
– Muy bien, retrocede y enfoca estas ligaduras.
La cámara siguió la cuerda desde la cabeza hasta los pies. Ésta formaba un nudo corredizo alrededor del cuello. Luego seguía por la columna vertebral y había sido enrollada repetidas veces alrededor de los tobillos, tirando de ellos con tanta tensión que la víctima tenía los talones en las nalgas.
