Sabía que la gente coleccionaba todo tipo de cosas, lechuzas incluidas, pero hasta el momento no había visto en el apartamento ninguna más, sólo la situada encima de la vitrina. Abrió con rapidez la carpeta y encontró el informe de identificación de la víctima. Según ese informe, el oficio de la víctima era pintar casas. McCaleb cerró la carpeta y consideró por un momento la posibilidad de que la víctima se hubiera traído la lechuza de un trabajo o la hubiera sacado de una estructura mientras la preparaba para pintaría.

v. Rebobinó la cinta y miró de nuevo el momento en que el cámara hacía un barrido desde el cadáver hasta la vitrina encima de la cual se hallaba la lechuza. A McCaleb le pareció que el cámara había realizado un giro de ciento ochenta grados, lo cual significaba que la lechuza había estado directamente enfrente de la víctima, espectadora privilegiada de la escena de asesinato.

Aunque existían otras posibilidades, el instinto de McCaleb le decía que la lechuza de plástico era, de algún modo, parte de la escena del crimen. Cogió la libreta y convirtió la lechuza en la sexta entrada de su lista.


El resto de la videograbación de la escena del crimen revistió escaso interés para McCaleb. Documentaba las otras habitaciones del apartamento de la víctima: el dormitorio, el baño y la cocina. No vio ninguna otra lechuza ni tomó más notas. Al llegar al final de la cinta, la rebobinó y volvió a verla en su totalidad una vez más. Nada nuevo captó su atención. Extrajo la cinta y la guardó de nuevo en la funda de cartulina. Luego devolvió la televisión al salón, donde la aseguró en el armazón.

Buddy estaba tirado en el sofá leyendo su novela. No dijo ni una palabra, y McCaleb se dio cuenta de que se sentía ofendido porque le había cerrado la puerta del camarote en las narices. Pensó en disculparse, pero lo dejó estar. Buddy era demasiado entrometido con el pasado y el presente de McCaleb. Tal vez el desaire se lo haría saber.



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