
– ¿Qué estás leyendo? -preguntó.
– Un libro -contestó Lockridge sin levantar la mirada.
McCaleb sonrió para sus adentros. Ya estaba seguro de que había ofendido a Buddy.
– Bueno, aquí está la tele por si quieres ver las noticias o algo.
– Las noticias se han acabado.
McCaleb miró su reloj. Era medianoche. Se le había pasado el tiempo volando. Esto era algo habitual en él; en el FBI, cuando estaba ensimismado en un caso, solía trabajar sin parar a comer o sin darse cuenta de que se hacía muy tarde.
Dejó a Buddy enfurruñado y volvió al camarote. Cerró de nuevo la puerta, ruidosamente, y echó la llave.
4
Después de pasar a una página en blanco de la libreta, McCaleb abrió el expediente del asesinato. Abrió las anillas, sacó los documentos y los apiló ordenadamente sobre el escritorio. Era un capricho, pero nunca le había gustado revisar los casos pasando las hojas de un archivador. Le complacía sostener cada uno de los documentos en sus manos. Le gustaba cuadrar las esquinas de toda la pila. Dejó la carpeta a un lado y empezó a leer los informes del caso en orden cronológico. Enseguida estuvo completamente inmerso en la investigación.
A mediodía del lunes, 1 de enero, una llamada anónima a la comisaría de West Hollywood del Departamento del Sheriff del Condado de Los Ángeles había avisado del crimen. El informante, un hombre, comunicó que había un cadáver en el apartamento 2B del complejo Grand Royale, en Sweetzer, cerca de Melrose. El informante colgó sin decir su nombre ni dejar ningún otro mensaje. Puesto que la llamada no se realizó a una línea de emergencias no fue grabada, y el teléfono no contaba con ninguna función para identificar la procedencia de la llamada.
Se envió al apartamento una patrulla de dos ayudantes del sheriff, y éstos encontraron la puerta entreabierta. Al no recibir respuesta a sus llamadas, los agentes entraron en el apartamento, y pronto descubrieron que la información de la persona que había llamado era correcta. Había un hombre muerto en el interior. Los agentes salieron del apartamento y llamaron a una brigada de homicidios. El caso fue asignado a Jaye Winston y Kurt Mintz, con Winston como detective al mando.
