
– En cierto modo, el motivo de mi visita me hace sentir culpable -dijo ella.
McCaleb señaló con la cabeza la carpeta y la cinta de vídeo.
– Has venido por trabajo. Podrías haber llamado, Jaye. Probablemente te habrías ahorrado tiempo.
– No, no enviaste ninguna tarjeta con el cambio de dirección y teléfono. Supongo que no quenas que la gente se enterara de dónde te habías instalado. -Winston se recogió el pelo tras la oreja derecha y sonrió de nuevo.
– En realidad, no -dijo él-. Simplemente no pensaba que nadie quisiera saber dónde estaba. Así que, ¿cómo me has encontrado?
– Estuve preguntando en el puerto en Cabrillo. Me dijeron en la oficina del puerto que aún conservabas el amarre, pero que te habías trasladado aquí. Así que crucé en el ferry y tomé un taxi acuático por el puerto hasta que lo encontré. Tu amigo estaba allí. El me explicó cómo llegar hasta aquí.
– Buddy.
McCaleb miró hacia el puerto y localizó el Following Sea, a menos de un kilómetro de allí. Veía a Buddy Lockridge inclinado en la popa. Al cabo de unos momentos supo que Buddy estaba limpiando los carretes con la manguera que salía del depósito de agua dulce.
