
– ¿Qué dijo el FBI? ¿Le mostraste esto a Maggie?
– No estás al día, Terry. A Maggie la devolvieron a Quantico. Las cosas se han calmado en los últimos años y los de Ciencias del Comportamiento la recuperaron. Ya no hay oficina en Los Ángeles. Así que sí, hablé con ella. Pero en una llamada telefónica a Quantico. Metió la información en el PDCV y no salió nada.
McCaleb sabía que se refería al ordenador del Programa de Detención de Criminales Violentos.
– ¿Y han hecho algún perfil? -preguntó él.
– Estoy en lista de espera. ¿Sabes que en todo el país hubo treinta y cuatro asesinatos relacionados con el nuevo milenio entre Nochevieja y Año Nuevo? Así que por el momento tienen las manos llenas; y los grandes departamentos como nosotros estamos al final de la lista, porque el FBI supone que los departamentos pequeños, con menos experiencia, medios y recursos humanos necesitan más su ayuda.
Esperó un momento mientras dejaba que McCaleb reflexionara sobre el asunto. Él comprendió que la filosofía del FBI era la que se aplicaba para determinar las prioridades médicas cuando se produce una catástrofe.
– No me importa esperar más o menos un mes hasta que Maggie o algún otro pueda prepararme algo, pero mi instinto me dice que en este caso el tiempo es importante, Terry. Si es un asesino en serie, un mes puede ser demasiado. Por eso pensé en venir a verte. Estoy dándome cabezazos contra la pared y tú puedes ser nuestra última esperanza para sacar algo que nos sirva de punto de partida. Todavía me acuerdo del Sepulturero y el Asesino del Código. Sé lo que puedes hacer con unos informes y algunas cintas de la escena del crimen.
McCaleb pensó que el último comentario estaba de más y constituía su único movimiento en falso hasta el momento. Por lo demás, creía que ella era sincera al confiarle su convicción de que el asesino al que estaba buscando podía actuar de nuevo.
