– Por tu tono deduzco que ésta no es la primera vez que te ocurre -dijo Gideon, volviendo a guardar el reloj en el bolsillo del chaleco antes de arrodillarse para limpiar la puntera de su bota negra, aunque Logan sabía que el detective sólo prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor.

– No. Es la tercera vez en tres días. Por eso te pedí que te reunieras conmigo aquí. Esperaba que pudieras percibir cualquier cosa extraña.

– No observo nada fuera de lo normal -dijo Gideon levantándose. -De todas maneras, será mejor que sigamos caminando.

Esa era una de las cosas que a Logan le gustaba de Gideon y la razón por la cual le había pedido al detective que le acompañara; no perdía el tiempo con preguntas innecesarias tales como «¿Estás seguro?», ni hacía sugerencias como «Puede que lo hayas imaginado». En los últimos meses, Logan había contratado a Gideon para que realizara un trabajo de investigación relacionado con sus empresas y había quedado muy impresionado con los resultados. Hasta tal punto que estaba considerando contratarle a tiempo completo y pensando en cómo tentar a Gideon para que abandonara Bow Street. Logan confiaba en conseguirlo. Como bien sabía, todos los hombres tenían un precio. Y él tenía dinero para pagarlo.

Pero todavía había más. Logan había llegado a apreciar y a respetar a Gideon no sólo por lo bueno que era en su trabajo sino porque, al igual que Logan, Gideon había salido de la nada y se había abierto camino en la vida. Por desgracia para Gideon, las recompensas económicas de su profesión no eran muy lucrativas, y Logan quería echarle una mano a ese hombre que había llegado a considerar su amigo. Como sabía que Gideon rechazaría cualquier oferta que creyera fruto de la caridad, Logan necesitaba jugar muy bien sus cartas.

Regresaron al camino y continuaron paseando.

– ¿Te ha ocurrido algo más fuera de lo normal? -preguntó Gideon en el mismo tono neutro que si hablaran del clima.



3 из 345