
Logan consideró la pregunta durante unos segundos.
– Hace un par de noches, alguien intentó abordar uno de mis barcos. Uno de los guardias le persiguió, pero el individuo escapó.
– ¿Te dio alguna descripción del intruso?
– Sólo que corría como el viento y que estaba claro que sabía moverse muy bien por la zona. De todas maneras estaba demasiado oscuro.
– ¿Te has enemistado con alguien últimamente?
Logan soltó una risita irónica. Basándose en el trabajo que Gideon había realizado para él durante los últimos meses, el detective sabía de sobra que junto con la riqueza de Logan había aparecido un buen puñado de personas que no le deseaban precisamente lo mejor.
– No en los últimos días… que yo sepa. O eso pensaba hasta que mi instinto comenzó a gritarme que alguien me estaba observando.
– Jamás ignores a tu instinto -dijo Gideon con voz queda.
Buen consejo, aunque Logan no lo necesitaba. Escuchando a su instinto y actuando en consecuencia era cómo había conseguido escapar de la pobreza en la que había nacido. Lo que le había mantenido con vida a pesar de sufrir unas terribles experiencias que siempre trataba de olvidar. Y tenía intención de escucharlo ahora, incluso aunque Gideon no lograra confirmar sus sospechas.
– Un hombre en tu posición… es el objetivo de un montón de gente -dijo Gideon.
– En efecto -repuso Logan con sequedad. Se había acostumbrado con rapidez a ser el centro de atención de todo el mundo después de que se hubiera establecido en Londres, hacía ya casi un año. -Los miembros de la sociedad me miran como si fuera algo exótico, un pájaro depredador que hubiera aterrizado sin ser invitado en un nidito acogedor. El hecho de ser americano sólo contribuye a que me miren con más rencor y desconfianza. Soy muy consciente de que mi riqueza es la única razón por la que la sociedad tolera mi presencia en sus nobles filas.
