– ¿Te molesta? -preguntó Gideon.

– En algunas ocasiones sí, pero la mayor parte de las veces me divierte. Tanto como ver cómo los estimados pares, esos que quieren mandarme a freír espárragos y meterme en el primer barco de regreso a América, buscan ansiosos mi consejo en asuntos financieros y de inversión. -Curvó los labios en una sonrisa sombría. -Dado que hay muchas oportunidades de inversión en mis negocios, muestran por mí un involuntario interés… lo que ha resultado ser muy beneficioso para ambas partes.

»Pero esta extraña sensación que siento últimamente… es diferente -continuó, frunciendo el ceño. -Me siento amenazado. -De hecho, no podía evitar que se le erizara el pelo de la nuca y que un extraño escalofrío de temor le bajara por la espalda incluso en ese cálido y radiante día.

Gideon se giró hacia él.

– ¿Alguna vez te has sentido amenazado en el pasado?

Demasiadas veces.

– Sí, pero hace ya mucho tiempo.

– ¿Sabes qué o quién te amenazó?

Logan apretó los dientes. Jamás lo olvidaría.

– Sí.

– Quizás esté relacionado. Negó con la cabeza.

– Es imposible. Gideon entrecerró los ojos.

– Sólo sería imposible si quien te amenazara estuviera… muerto.

Logan sostuvo la mirada del detective.

– Como he dicho… es imposible.

Gideon le estudió durante varios segundos con una expresión inescrutable, luego asintió con rapidez y volvió a prestar atención a lo que sucedía a su alrededor. Logan agradeció mentalmente que Gideon aceptara su palabra y no le presionara para que le diera más detalles. Sobre todo porque eso lo había salvado de tener que mentir. Aunque sabía que las mismas mentiras que había contado infinidad veces saldrían de sus labios sin un titubeo, no podía negar que le aliviaba no tener que recurrir a ellas de nuevo, y menos ante ese hombre al que respetaba y que había llegado a considerar un amigo. Sabía muy bien que las mentiras acababan por destrozar una buena amistad. En consecuencia, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había tenido un amigo.



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