El camino se dividía en dos unos metros más adelante.

– ¿Tienes algún destino particular en mente o sólo estamos dando un paseo por el parque? -le preguntó Gideon, cuando Logan enfiló hacia la derecha sin titubear.

– Voy a Park Lañe -dijo Logan. -Tengo una cita. Con William Stapleford, el conde de Fenstraw.

Sintió el peso de la mirada de Gideon.

– No parece que te haga mucha gracia.

Maldita sea. ¿Tan obvia era su incomodidad que cualquiera podía notarla? ¿O quizá Gideon era un hombre demasiado perceptivo? Esperaba que fuera eso último.

– Así es -admitió. -Pero debo reunirme con el conde por un asunto de negocios y sospecho que no será nada agradable.

En realidad sabía que esa condenada reunión con el conde sería de lo más desagradable. Aun así, le intranquilizaba tanto, si no más, la posibilidad de ver a la hija de Fenstraw, lady Emily.

Logan tensó la mandíbula. ¿Sería posible que su desasosiego estuviera relacionado de alguna manera con su inminente visita a la casa del conde, ya fuera por encontrarse con el propio conde o con su hija? No había visto a lady Emily durante los últimos tres meses, pues la familia Stapleford se había retirado a su hacienda. Pero habían regresado a Londres el día anterior, y Logan sabía que sólo era cuestión de tiempo que lady Emily y él se encontraran en un lugar u otro.

Una imagen de la mujer con la que había intentado relacionarse durante meses sin éxito alguno pasó como un relámpago por su mente y contuvo un gruñido de disgusto. Maldita sea, ¿por qué no podía olvidarse de ella? Era guapa, cierto, pero la belleza no solía llamar su atención más que por un fugaz momento. Logan siempre había preferido lo inusual antes que una absoluta perfección. Y el hermoso rostro de lady Emily y su cuerpo eran, sin lugar a dudas, de una absoluta perfección.



6 из 345