– Como siete kilómetros -contestó Mac, tocándose la mandíbula-. Más o menos medio kilómetro menos de la última vez que me preguntaste. ¿Te pasa algo?

Era una pregunta graciosa, pensó Kelly. Se acababa de casar con un desconocido y el beso que había sellado su estado la había dejado conmocionada. La tormenta de nieve no cesaba y el viento era tan fuerte que los limpia parabrisas del elegante Mercedes de Mac apenas funcionaban. Habían salido de la autopista poco antes y no se habían encontrado ningún coche desde entonces. Tampoco edificios o luces, ni ninguna señal de que alguien pudiera ayudarlos en caso de urgencia… si acaso encontraran algo abierto aquella noche de Año Nuevo.

Por supuesto que les pasaría algo, pensó Kelly, aunque lo que pudiera acontecerles no era nada comparado con el problema que rondaba a Kelly continuamente.

– Cuánto tiempo sueles tardar desde la empresa?

– Unos quince minutos. Veinte como mucho, pero con esta nieve no puedo ir a más velocidad.

– Lo sé, Mac, no quise parecer impaciente.

– ¿No tendrás frío, verdad? Si quieres, puedo subir la calefacción…

– No, estoy bien.

De todas formas, él la subió.

– Si estás cansada, puedes echar el asiento hacia atrás…

Ella se sintió halagada por las molestias que él se estaba tomando. Y debido a su comentario, le vino a la cabeza de nuevo la emoción que le había embargado cuando él la besó. Aunque el hecho de que en ese momento se encontrara exhausta seguro que no tenía que ver en absoluto con ese beso. Lo más probable era que se debiera a algún desarreglo hormonal típico de su estado. Después de siete meses de embarazo, Kelly sabía que las mujeres embarazadas eran mucho más sensibles a todo.

– Estoy bien -mintió-, además este coche es muy cómodo.

Mac la miró, sin creerla. Luego volvió la vista de nuevo a la carretera. Ella apenas veía su cara en la semipenumbra del coche, pero pudo vislumbrar su perfil de patricio y ver el brillo de sus ojos oscuros. Pero no sabía en qué estaría él pensando. Si en la boda, en el tiempo que hacía o en cualquier otra cosa. Pero, por el tono de su voz, Kelly se había dado cuenta de que él estaba esforzándose por aparentar que estaba tranquilo.



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