– Los muebles que tengo son pequeños, no creo que queden bien aquí.

– Encontraremos sitio para ellos. O puedes traer sólo algunas cosas. Y desde luego, si quieres cambiar o redecorar algo, sólo tienes que decirlo. Como te decía, no sabía si traerlo todo aquí o dejarlo para que lo trajeras tú. Por otro lado, no sé dónde quieres dormir. ¿Recuerdas la planta de arriba?

– Si te soy sincera, no -aunque sí recordaba el dormitorio principal.

Que era el dormitorio de Mac. Pero había estado tan nerviosa todo el día que no había puesto mucha atención en el resto de la planta.

– Bien…, arriba hay cinco habitaciones libres. Me imaginaba que elegirías dos, una para el niño y otra para ti, ¿qué me dices? Pero antes quería preguntarte a ti. También he pensado que, como estarías muy cansada de todo el día, hoy te acostarías en cualquier cama y mañana o cualquier otro día puedes elegir.

– Me parece bien. Hoy me da igual acostarme en un sitio o en otro.

Kelly pensó que todo parecía como si fuera un sueño. Luego miró de nuevo sus maletas y pensó que parecían las de una huérfana que va de visita. Al lado de ellas, había una mesa pequeña con dos vasos. Uno de ellos era de leche, por lo que, obviamente, debía ser para ella.

Mac hablaba sobre dónde dormir aquella noche, de la misma manera práctica con la que había organizado la boda. También conducía de ese modo y hacía todo lo demás. Kelly no sabía lo que había esperado de él, pero nunca creyó que pensara tanto las cosas y que las hiciera con aquella sensibilidad. La estaba tratando como si fuera una porcelana china, cuando él se había visto implicado en aquel matrimonio a su pesar.

– ¿Quieres acostarte ya? O quizá prefieras sentarte un rato frente a la chimenea con los pies en alto…

– Mac -dijo, tomando el vaso de leche y dando un pequeño trago-. No te atrevas a decirme ni una palabra amable más. Me estoy empezando a sentir algo incomoda



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