Mac se frotó la barbilla. Quizá había llevado demasiada comida. ¡Había comida para un regimiento! Pero las mujeres embarazadas eran una especie completamente diferente a todas. Aunque no sabía los gustos de Kelly o lo que debía comer.

Mac odiaba que las situaciones lo pillaran desprevenido.

Los pasos se aproximaron y su corazón comenzó a palpitar. Se pasó una mano por el cabello, luego se tocó la cremallera del pantalón y luego miró su camisa negra y se aseguró de que no había tanta suciedad como en el suelo. Los pasos sonaban en la escalera. Mac se preparó mentalmente, como si fuera a enfrentarse a todo un batallón.

Y ahí justamente era donde había cometido el error la noche anterior: no se había preparado. Teóricamente no había nada malo en un abrazo, pero no había esperado que ella lo abrazara de repente. Todavía no sabía por qué lo había hecho. Quizá todas las mujeres embarazadas se hacían un poco descaradas. Quizá estaba cansada y no lo pensó. Quizá necesitaba agarrarse a algo para sentir seguridad. Quizá había olvidado que estaba enamorada de su hermano.

Mac no. Lo había intentado, pero la familia le había preguntado muchas veces qué ocurriría si Chad volvía. ¡Y por supuesto que Chad volvería en cualquier momento! Siempre lo hacía, después de una de sus desapariciones. Mac lo sabía perfectamente cuando pidió a Kelly que se casara con él. También sabía que amaba a su hermano. Pero todas esas complicaciones no borraban los motivos para aquel matrimonio, sino al contrario. Kelly había sido atacada y necesitaba un hombre a su lado. Mac, por otro lado, quería a su hermano, a pesar de conocerlo bien. Demasiado bien y sabía que no había diferencia en que Chad estuviera allí o en una playa de Jamaica. No confiaba en él para que protegiera a Kelly o se hiciera cargo de su hijo. Por tanto, era deber suyo cuidarla.




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