
Y por eso, precisamente, la reacción de él a aquel maldito abrazo era inexcusable. Mac se pasó la mano por el pelo. Recordó cómo él también la había abrazado. Sólo porque no quería quedarse como un bulto y porque, ¡maldita sea!, no deseaba sentirse rechazado o asustado. Devolver el abrazo le había parecido adecuado, pero inmediatamente después todo fue una tremenda confusión. Las sensaciones lo bombardearon como balas. Como balas suaves… Recordó su pelo rozándole la nariz y la sensación de su vientre contra él. Y el modo en que la piel de ella brillaba con el fuego de la chimenea. Kelly olía a champú de melocotón y jabón, y a aquel perfume provocador que llevaba. Le molestaba los comentarios que ella hacía sobre estar fea y sentirse como un elefante. No era cierto. Parecía tan pequeña en sus brazos, tan caliente, tan real. Recordó que había cerrado los ojos y recordó el infantil deseo que tuvo de ser amado… también recordó, demasiado claramente, excitarse tan rápidamente como un adolescente.
Se había retirado de ella bruscamente, esperando que ella no lo hubiera notado. Después estuvo toda la noche viendo la luz del baño encenderse y apagarse y se preocupó de que se pusiera enferma a causa de su estado. Pero lo que más le preocupó fue que ella no pudiera dormir por estar en una casa extraña con su vida completamente cambiada, al lado de un hombre que apenas conocía.
Tendría que solucionar aquello, era todo. ¡El, que había manejado fortunas, contratado y echado a empleados en cuatro países diferentes! ¿Qué problema podía ser una mujer embarazada?
Y de repente ella estaba en la entrada.
– Buenos días, Mac. Te has levantado muy temprano. ¡Qué de nieve!
No importaba la brillante iluminación de la cocina, porque ella era más brillante. Le sonrió, con un gesto de sueño. Se había cepillado el pelo, de eso estaba seguro, pero le caía por los hombros en mechones desordenados. Una camiseta roja enorme le cubría su vientre, y el color le hacía juego con sus mejillas y sus pantalones de algodón. De repente aquella sonrisa adormilada desapareció y, asustado, Mac se preguntó si habría hecho algo mal.
