
Kelly retrocedió y lo miró fijamente.
– Escucha, tenemos que hablar de algunas cosas y vamos a sentirnos más cómodos los dos. Te lo juro.
Mac pensó que ella le estaba robando su personalidad. Así era como él siempre actuaba y él era quien utilizaba ese tono de voz tranquilo y firme. Desde luego, aquella mujer era bastante decidida.
Eficientemente, ella terminó de fregar el zumo que había caído, sacó pan de un armario y luego sacó solemnemente un cuaderno y un bolígrafo del bolsillo.
– ¿Te gusta hacer listas? -quiso saber Mac.
– No puedo empezar el día sin hacer una -admitió ella.
Quizá hubiera esperanza aquella mañana, aunque… Bueno, si ella iba a presumir de su lista, él podría presumir de la suya. La suya, sin embargo, tendría cosas importantes. El sistema de seguridad, números de emergencia, cómo utilizar los aparatos eléctricos de la casa, desde los ordenadores hasta el equipo de música. También tarjetas de crédito y su nueva agenda.
Sólo que Kelly de repente frunció el ceño.
– Mac, me doy cuenta de que tenemos que hablar sobre todas estas cosas de la vida diaria, ¿pero no podíamos hablar primero de algunas cosas importantes? ¿Cuál es tu comida favorita? -preguntó, con el bolígrafo preparado.
– ¿Comida?
– Sí. ¿Te gusta la carne o el pescado? ¿Eres alérgico a algo, o hay alguna verdura que no puedas soportar? ¿Te vigilas el colesterol, o te crees inmortal? ¿Te gusta un postre en especial?
– Kelly, no pienso que tú vayas a cocinar…
– ¿Vamos a comer por osmosis? Y luego dime, cuáles son tus programas favoritos de televisión, y mucho más importante: ¿cuáles son tus aficiones?
– ¿Aficiones?
– No hace falta que me hables de tu trabajo. ¿Pero qué haces para relajarte? ¿Te metes en un jacuzzi? ¿Montas en bicicleta? ¿Piensas sentado en el metro? ¿Esquías? Y si necesitas al día un tiempo para estas solo -la muchacha hizo una pausa y vio el gesto de Mac-. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras de ese modo?
