
Sin embargo, poco después, Kelly se enteró de que ella era la única que acudía sola a las clases. Todas las demás llevaban algún ayudante. Casi todas iban acompañadas de su marido, aunque también alguna iba con una amiga o hermana. Pero ella lo había elegido así y no se veía pidiéndole a Mac que la acompañara. Al fin y al cabo, ella se había acostado libremente con Chad y no quería que nadie tuviera que pagar por ello.
Luego, cuando se reunió con las otras mujeres, que estaban riendo y charlando alrededor de las esterillas que había en el suelo, Kelly dejó de pensar en todo aquello. Delante de ellas estaba la señora
Riley, que por su entusiasmo parecía tener treinta años en vez de los cincuenta que tenía.
– Muy bien, señoras. Hoy he traído una serie de muñecos para que puedan aprender las técnicas para cambiar pañales, hacer que los niños expulsen tos gases y todas las cosas que necesitan saber para cuidar adecuadamente a los recién nacidos. Después de eso practicaremos los ejercicios de respiración…
De pronto, toda la clase se volvió para ver a la persona que entraba en ese momento. Era Mac. A Kelly casi se le paró el pulso al verlo y no pudo evitar emocionarse. Se dio cuenta de que todas las mujeres miraban su elegante forma de vestir y quizá no sólo eso.
También se sorprendió de que ella comenzaba a verlo como a un hombre y no como al señor Fortune que todo el mundo veía. Podía ver sus ojos cansados y preocuparse de si habría comido y dormido lo suficiente. Además, algo en su forma de andar le confirmaba que efectivamente era un hombre que se sentía solo. Todo el mundo lo admiraba, pero él se sentía solo.
