– Pero, Kelly, ése es uno de los errores típicos de todo el mundo. Eso siempre ha pasado. Errar es humano.

– Ya lo sé, pero… -se quedó pensativa-. Mac, cuando me pediste que me casara contigo, te conté todo lo que había pasado con Chad. Y te dije que yo ya no quería casarme con él, pero no sé si tú me creíste…

– Creo que mi hermano te hizo daño. Pero no me importa lo que sientas o sintieras por él. Desde que te atacaron en ese aparcamiento, todas las circunstancias cambiaron.

– Así es. Pero lo que quiero decirte es que no hubo ningún culpable. Yo era muy inexperta con los hombres y Chad no tuvo ninguna culpa. Fui yo quien malinterpretó sus intenciones. El me había dicho en repetidas ocasiones que no quería saber nada de hijos, así que es normal que me abandonara. Además, lo nuestro no habría funcionado. Y sé que él no quiso hacerme daño. Lo único que sucedió es que ambos queríamos cosas distintas de nuestra relación.

Cuando llegaron a la casa, él se bajó y dio la vuelta para abrirle la puerta a ella. En otros tiempos ella abría abierto la puerta por sí misma, pero actualmente tardaba algo más en desabrocharse el cinturón y en maniobrar con esa barriga.

Como él no había dicho nada acerca de lo de Chad, Kelly pensó que no quería hablar de él o que simplemente no estaba interesado en el tema, pero después de abrirle la puerta y de ayudarla a bajar fue él quien volvió a hablar de su hermano.

– Kelly, sabes que él volverá a casa…

– Sí.

– No sé qué es lo que sentirás al verlo de nuevo, pero me dijiste que estabas preocupada por mi relación con Chad. Lo que te quiero decir es que no tienes por qué preocuparte. Yo no voy a sentirme incómodo. Para mí está todo claro. Tuvisteis una relación sentimental y él te abandonó. Sé que te hirió. El es mi hermano y lo quiero, pero lo que te hizo no estuvo bien.



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