
– No quiero que te enfades con él por mi culpa…
– Pues vas a tener que aguantarte, porque pienso darle un buen escarmiento.
– Mac, no has escuchado nada de lo que te he dicho. Te digo que él no tiene la culpa de nada. Lo único que pasó es que yo fui una tonta.
– No te preocupes, no voy a matarlo, sólo voy a darle una buena paliza.
Ella no pudo contenerse y le pasó las manos por detrás del cuello. No sabía exactamente por qué, pero sintió unas ganas irresistibles de que la besara. No sabía si sería por el recuerdo de su imagen sudorosa intentando poner el pañal al muñeco o por el hecho de que él fuera un caballero pasado de moda que creía todavía en el honor, pero lo cierto era que quería que la besara.
El se quedó quieto como una piedra. Kelly pensó que él era demasiado educado para rechazarla y que lo mejor sería no moverse.
De pronto, ella pensó en la humillación que suponía el que Mac descubriera que se sentía atraída por él. Hasta ese momento, ella no había dado ninguna muestra de ello. Sólo había demostrado afecto por él.
Luego, ya no tuvo nada que temer porque él comenzó a besarla. Al comienzo, sus labios le parecieron fríos, pero pronto la hicieron entrar en calor. La hizo sentirse como no se había sentido nunca antes de que él la besara.
Luego sintió sus manos alrededor de su cintura. Pensó que quizá quisiera apartarla, pero cuando la abrazó igual que ella le estaba abrazando a él, se dio cuenta de que no era así.
Ella presentía que él se sentía solo, pero lo que no podía pensar era que estaba tan solo. Cerró los ojos y lo besó a su vez, con el corazón latiéndole a toda velocidad. Sintió la necesidad de ayudar a ese hombre que, en teoría, no necesitaba ninguna ayuda.
Y es que ella nunca se hubiera imaginado que él pudiera necesitarla, pero. a partir de ese momento podía estar segura de que así era.
La fría noche se transformó en un entorno de ensueño, mientras él la volvía a besar, haciendo que sus lenguas se enredaran y que se despertara en ella una pasión desconocida hasta ese momento.
