
Un año antes, Kelly se había enamorado perdidamente. El padre de su hijo era un hombre increíblemente excitante. Y ella se había entregado a él en cuerpo y alma. Era un hombre por el que ella habría hecho cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier lugar, sin preguntar nada…
Ese había sido su gran error.
Mac no era el hombre del que ella se había enamorado.
No era el padre de su hijo.
Era simplemente el novio.
Pero los ojos de él se encontraron con los de ella con tal intensidad que parecía que no hubiera nadie en aquella sala excepto ellos dos. No sonrió, pero aquella mirada alteró inmediatamente sus pulsaciones. Kelly no sabía lo que quería decir aquella expresión oscura y fantasmal de sus ojos. Lo que no era ninguna novedad. Kelly siempre se había sentido algo insegura en todo lo referente a Mac e inmediatamente se perdonó a sí misma por el ataque de pánico. Seguramente era normal, dadas las circunstancias. Una mujer que se casara con un desconocido tenía que estar loca. Aunque, a decir verdad, toda su vida había sido algo, extraña. Entonces, de repente olvidó todo su egoísmo y recordó lo único que importaba.
Si había un hombre en el mundo que podía proteger a su hijo, ése era Mac Fortune.
Tomó aire, esbozó una sonrisa y caminó hacia el novio.
A los treinta y ocho, Mac no creía en la magia, pero siempre había sentido algo especial por Houdini. Comprendía perfectamente lo difícil que era llegar a ser un profesional que escapara de cualquier situación. Para escapar del matrimonio durante todos aquellos años, Mac había necesitado continuamente su poder de resolución, sobre todo cuando su familia no había cesado de acosarlo. Muchas mujeres lo habían perseguido, la mayor parte de ellas más interesadas en su dinero que en su persona, pero eso no le había preocupado jamás. El siempre había respetado ambas cosas, la avaricia y la ambición, y había disfrutado de verse perseguido. ¡Y le gustaban las mujeres! Lo único que sucedía era que tenía una predisposición natural contra el matrimonio.
