Esa vez, sin embargo, no estaban muy seguros de que actuara bien.

Había anunciado dos semanas antes que se casaría con Kelly. Todo el mundo se había quedado en silencio. A esas alturas, el problema de Kelly ya no era un secreto, pero nadie podía estar de acuerdo con la solución. Nadie consideraba que aquel matrimonio fuera la solución a aquel contratiempo y mucho menos para Mac. Todos sabían lo mucho que odiaba el matrimonio y no creyeron que lo dijera en serio. Incluso en ese momento, seguían pensando que no sería capaz de hacerlo.

Las manos de Kelly apretaron de repente las suyas. El la miró y por un instante le pareció ver un brillo de humor en los ojos de la mujer.

– El anillo -dijo el sacerdote.

Por el tono de voz con que fue dicho, Mac sospechó que era la segunda vez que lo decía.

Su primo, Garrett Fortune, que era su padrino, le pasó el anillo. Mac agarró la mano izquierda de Kelly. El aro de oro era casi diminuto… poco adecuado para una novia de un miembro de la familia Fortune. Pero él había ofrecido a Kelly elegir el anillo que deseara y ella lo había rechazado. No deseaba joyas y menos ninguna de las piedras preciosas que componían la herencia de la familia.


Mientras luchaba por colocarle el anillo, fue consciente del temblor de la mano femenina. Estaba tan nerviosa que su mano blanca y delgada temblaba como una hoja al viento. Mac notó el traje de ella contra su muslo y el perfume que emanaba de su cuerpo. Un perfume dulce que le recordó a la primavera. También vio el rizo que escapaba de las horquillas y se enredaba en la pálida columna de su cuello. Mac no estaba seguro del motivo por el que su pulso de repente se alteró. Si no la conocía apenas…

Pero el anillo pasó por fin el nudillo.

– Con este anillo… -siguió el sacerdote. Luego esperó.

Kelly le dio una patada suave.

– Con este anillo… -repitió Mac, en voz alta y clara.



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