También había carreteras que llevaban a otras regiones del parque. Su plan era detenerse en los lugares más señalados con la esperanza de ver a Sydney, ya que trabajaba allí. Prefería no preguntar a nadie.

De estar por ahí, sus cabellos dorados atraerían su mirada. Con uniforme o sin él, las largas piernas de Sydney y sus delicadas curvas llamarían su atención. Sólo preguntaría por ella si no conseguía encontrarla.

Al igual que otros visitantes, se mantuvo alerta por si aparecía algún bisonte. El tráfico de los sábados era lento; a ese paso, tardaría todo el día en dar una vuelta por el parque.

Cuando llegó a la parte superior de Geyser Basin, su paciencia estaba a punto de agotarse. No debería haberle sorprendido que la zona de Old Faithful pareciese un gigantesco estacionamiento de coches. Los turistas de finales de verano se habían congregado para ver el famoso geiser.

Una vez que encontró un sitio para aparcar, se colgó los binoculares al cuello y se bajó del coche. Mientras los turistas tenían las cámaras listas para disparar en el momento en que el geiser entrara en erupción, él empezó a caminar con un objetivo diferente en mente.

Llevándose los binoculares a los ojos, paseó la mirada por el mar de turistas. Por fin, convencido de que Sydney no estaba trabajando en esa zona, Jarod recorrió la corta distancia al centro de visitantes de Old Faithful.

Aparte de una tienda de regalos, descubrió un centenar de personas observando una película que uno de los guardabosques narraba.

Al volverse para marcharse, le llamó la atención un cartel: «Ayude a Construir un nuevo Centro de Visitantes para Old Faithful».

Jarod se aproximó a la sonriente morena. En la tarjeta de identificación que llevaba prendida de la camisa caqui se leía: «Cindy Lewis, ayudante de guardabosque».



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