
Me di cuenta de la tensión que había en sus miradas.
Una vez confirmada la sospecha, me escabullí lo más deprisa posible:
– Ah, sí, eso cuadra con el contexto…, gracias.
Otro callejón sin salida. El colegio, donde en teoría uno aprende cosas, no servía de mucho. El coronel Lowson, asustadizo profesor de biología a quien despreciábamos por haberse disculpado después de pegarle a un niño, tenía en cualquier caso la cara roja; pero estábamos seguros de que se le habrían subido los colores, si es que era posible, cuando dos veces a la semana durante un trimestre entero respondíamos a su automático «¿Alguna pregunta?» al terminar la clase con:
– ¿Cuándo daremos la reproducción humana, profesor? Está en el programa.
Sabíamos que por ahí lo teníamos cogido. Gilchrist, uno de los más gamberros de la clase, se había hecho con el programa de las materias que entraban en el examen y descubierto la innegable verdad. El final del curso de ciencias naturales (biología) era: reproducción: plantas, conejos, seres humanos. Seguimos, paso a paso, el progreso pedestre de Lowson durante el curso, como exploradores indios contemplando el predecible suicidio de una tropa del Séptimo de caballería. Al final, de todo el programa, sólo quedaban dos puntos sin tratar -conejos, seres humanos- y dos días de clase. Lowson se había adentrado en un desfiladero sin salida.
– La semana que viene -comenzó Lowson la primera de las dos clases finales -, empezaremos el repaso…
– Perdición -dejó escapar Gilchrist con suavidad, y un murmullo de desaprobación se extendió por toda la clase.
– …pero hoy voy a explicar la reproducción de los mamíferos.
Silencio total. Ante esa perspectiva a uno o dos de nosotros se nos puso tiesa. Lowson sabía que no tendría ningún problema ese día; y, al tiempo que tomábamos más apuntes que nunca, nos explicó la reproducción de los conejos, casi todo en latín. La cosa, para ser sincero, no parecía un Gran Asunto. Era obvio que no podía ser lo mismo exactamente. Seguro que cuando… Pero entonces nos dimos cuenta de que Lowson se estaba yendo por las tangentes. La clase estaba casi a punto de concluir. Nuestro creciente descontento era evidente. Al final, cuando quedaba sólo un minuto:
