Se rió desdeñosamente, yo con adulación.

– Pues había dos. A uno lo llamaban el Mayflower. ¿Te imaginas? No puedo acordarme de cómo se llamaba el otro.

Se dio una palmada en el muslo; pero no le sirvió de mucho. ¿Iba a comenzar otra vez con las guarradas?

– No, pero uno de ellos seguro que se llamaba Mayflower. Los primeros vagones Pullman de Europa arrastrados por electricidad.

– ¿En serio? ¿Los primeros de Europa? -Estaba casi tan interesado como aparentaba.

– Sí, señor. Esta línea tiene mucha historia. ¿Conoces a John Stuart Mill?

– Sí -(por supuesto que no).

– ¿Sabes acerca de qué trató su último discurso en el Parlamento?

Creo que debo de haber dejado traslucir que no lo sabía.

– Su último discurso en la Cámara de los Comunes fue sobre el metro. ¿Te imaginas? La Ley de Regulación Ferroviaria de 1868. Se aprobó una enmienda a la ley que hacía obligatorio un vagón de fumadores en todos los trenes. Mill fue quien lo logró. Pronunció un gran discurso. Se metió a la audiencia en el bolsillo.

Estupendo. Era estupendo.

– Pero adivina qué pasó: una línea, sólo una línea, quedaba exenta. Precisamente la Metropolitana.

Se diría que había estado votando allí, personalmente, en mil ochocientos no sé cuántos.

– ¿Por qué?

– Oh. Debido al humo en los túneles. Siempre ha sido un poco especial.

Quizá no fuese tan mala persona. En todo caso, sólo quedaban cuatro paradas más. Quizá fuera una persona interesante.

– ¿Y las demás estaciones? Quinton no sé qué…

– Quainton Road. Todas estaban mucho más allá de Aylesbury. Waddesdon, Quainton Road, y luego, Grandborough, Winslow Road, Verney Junction. -(Si continúa me pongo a gritar.)- Noventa kilómetros desde Verney Junction a Baker Street; vaya línea. ¿Te lo imaginas? Incluso tenían previsto enlazarla con Northampton y Birmingham. Nuevos enlaces ferroviarios con Yorkshire y Lancashire, pasando por Quainton Road, atravesando Londres, enlazando con la vieja línea del Sudeste y, luego, unirla a Europa haciendo un túnel bajo el Canal. ¡Menuda línea!



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