
Pero resultaba más difícil de lo que imaginábamos. Había, según averiguamos, dos estadios diferenciados. Primero venía Tierra Arrasada; rechazo sistemático, deliberada contradicción, un definitivo y anárquico barrido total. Después de todo, formábamos parte de la generación de los Jóvenes Airados.
¿Te das cuenta -le dije a Toni una vez a la hora de comer, mientras callejeábamos sin ton ni son por la zona de recreo de los mayores- de que formamos parte de la generación de los Jóvenes Airados?
Sí, y me da cien patadas en la boca del estómago. -Se le cruzaron los ojos como siempre que algo le disgustaba.
¿Y que cuando seamos viejos y tengamos… sobrinas o sobrinos, nos preguntarán qué hicimos durante la Gran Ira?
– Bueno, estamos metidos en ella, ¿no?
– ¿Pero no te parece contradictorio estar leyendo a Osborne en el colegio con el carcamal de Runcaster? O sea, ¿no crees que se está poniendo en marcha una especie de institucionalización?
– ¿Qué quieres decir?
– Bueno, que decapitan la revuelta de la intelligentsia intentando institucionalizarla.
– ¿Y…?
– Pues acaba de ocurrírseme que tal vez lo mejor sea la autosatisfacción.
– La escolástica. -Toni sonrió aliviado-. Eres un ángel.
El problema era que a Toni le resultaba mucho más cómodo ser un Joven Airado.
