El viernes por la mañana, Heidi había tocado fondo. En el despacho del señor Cobb le habían dicho que estaba fuera del país y que no regresaría antes del domingo por la noche. El jueves pidió el día libre en la escuela para ir a ver a sus padres y hablar son ellos sobre la situación de Dana. Tras muchos desvelos, decidió que habría que esperar hasta que pudiera hablar con el señor Cobb antes de pedirle a su padre que buscara otro abogado. Era lo más honorable que podía hacerse. Pero le resultaba difícil esperar sabiendo que, para Dana, una semana sin noticias era como un año entero.

Cuando llegó al colegio el viernes por la mañana, estaba emocionalmente exhausta. Revisó con escaso entusiasmo el montón de cartas y folletos que se habían acumulado en su buzón de la escuela durante los dos días anteriores. Tiró casi todo a la papelera y salió apresuradamente de la secretaría dirigiéndose a su aula, al final del pasillo oeste.

La primera sirena no sonaría en el colegio Mesa de Mission Beach hasta media hora después. Heidi dio un suspiro de alivio al ver que aún le quedaban treinta minutos para preparar el aula. Dado que había comenzado ya el tercer trimestre del curso, había llegado el momento de explicar el tema de Oriente Medio, una región tan extraña para sus alumnos que muchos de ellos ni siquiera sabían que no era un barrio de San Diego. Sus clases consistían en una mezcla a partes iguales de asiáticos, afroamericanos, hispanos y anglosajones. Su objetivo era que, cuando acabara el curso, supieran situar los océanos, los continentes, los países y las principales ciudades en un mapamundi.

Al abrir la puerta del aula, le llamó la atención algo que había escrito en la pizarra: Regla número uno: nunca dar nada por sentado. Frunció el ceño. ¿Por qué habían borrado el esquema que había dejado escrito en el encerado para su sustituto? Miró los libros y papeles que había sobre su mesa, y vio que estaban descolocados. Qué extraño. Los sustitutos solían dejarlo todo tal y como se lo encontraban. Preguntándose qué había pasado, llamó a la secretaría a través del intercomunicador situado tras su escritorio. Respondió una de las secretarias.



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