Jeff Madsen no había podido soportar la angustia que el caso de Dana le había provocado a Heidi. Tal vez fuera demasiado pedirle a un hombre agobiado por los estudios y las rotaciones en el hospital. En cualquier caso, su relación fue perdiendo sentido. Él dejó de llamarla tan a menudo. Ella dejó de preocuparse. Y un buen día se despertó y comprendió que se había acabado.

– Bueno, ya sabes lo que dicen: has tenido suerte de escapar de una relación abocada al fracaso. Yo pasé por esa misma experiencia varias veces antes de casarme. Recuerda mis palabras. Ahí fuera hay un hombre maravilloso esperándote.

– Ojalá.

La ruptura con Jeff le había pasado factura. Pero mucho más la preocupaba el confinamiento de Dana, que le había robado por completo la posibilidad de ser feliz.

– ¿Con tu físico? ¿Estás de broma?

– Eres muy amable por decir eso, Carol.

– Solo digo la verdad -suspiró-. En fin, debe de haber una buena razón para que entres aquí después de clase.

Heidi asintió.

– Quisiera apuntarme al curso nocturno que se da en mi aula.

Carol hizo girar los ojos.

– Tú y mil más.

– ¿De veras?

– Ese curso lo da toda una eminencia.

– Sheila me dijo que era un tal señor Mcfarlane.

– Sí, el mismísimo Daniel Mcfarlane en persona. Se jubiló el año pasado, cuando era jefe de la brigada de homicidios de San Diego. Ese hombre tiene más medallas que un general. Su hija está en la junta directiva de la escuela municipal, y da la casualidad de que este es el único colegio que tiene la suerte de contar con él para dar un curso de criminología. Es una oportunidad única. Todo el mundo quiere apuntarse. Lo malo es que el señor Mcfarlane no admite más que diez alumnos, y el cupo se completó enseguida. Lo siento.

Capítulo 2

¡La clase estaba completa!

Heidi se sintió sumamente decepcionada. Llevaba todo el día pensando en asistir a aquel curso. Cuantas más vueltas le daba, más se convencía de que era justamente lo que necesitaba para aprender a investigar un crimen.



15 из 208